Traducción para BabelFAmily por Enrique Francisco Granados González
Hola a todos:
Mi nombre es Andrei, tengo veinte años y vivo en Rumanía.
Los diez primeros años de mi vida fueron bien, como poco, en realidad fueron formidables. Era aficionado a los deportes, solía practicar muchos deportes y me encantaba salir y disfrutar de la belleza de la naturaleza. Sin embargo, mis padres siempre habían notado ciertos problemas que había estado teniendo con el equilibrio y la coordinación.
A los 12 años, tras una varicela que agravó mis problemas, fui a ver a diversos doctores y me sometieron a varios exámenes médicos, sin recibir el diagnóstico correcto. Me dijeron que estaba recuperándome después de una infección causada por la varicela.
Con 14, mientras subía las escaleras para llegar a mi apartamento, me sentí exhausto por primera vez en mi vida. Me asusté mucho ya que nunca había sentido tal sensación de agotamiento. Esta experiencia produjo un pensamiento escalofriante en mi mente: Algo realmente malo y en apariencia progresivo me estaba pasando. Esto se demostró cierto cuando a la edad de 15 años me diagnosticaron ataxia de Friedreich.
Desde entonces, mis padres y yo hemos estado batallando contra la, probablemente, más engañosa de las enfermedades. La ataxia de Friedreich es un enemigo que inicialmente parece débil; un enemigo con el que crees que puedes lidiar, con el que crees que puedes vivir. Después te das cuenta de que no es verdad. Es un enemigo muy poderoso que te ataca por varios frentes y que te empuja a un “espacio” más y más estrecho, permitiéndote menos y menos posibilidades a tu alcance. No te puedes mantener firme porque en realidad estás sobre arenas movedizas.
Una vez vivimos en un “espacio” amplio con todas las “puertas” abiertas frente a nosotros. Ahora este “espacio” se hace más y más pequeño y una a una las “puertas” se cierran en nuestra cara. Es frustrante quedar atrapado en un “espacio” así que te permite cada vez menos y menos opciones. Tuvimos que adaptarnos continuamente, encontrando soluciones para vivir nuestra vida, para continuar haciendo lo que nos gustaba hacer.
Sin embargo, no he perdido la esperanza. No he dejado de soñar con que un día andaré y haré deporte de nuevo.
La medicina moderna muestra la promesa de una cura.
Con mis mejores deseos,
Andrei





